Nada personal
México, donde la izquierda
nunca existió: Revueltas
En 1962 y luego de una reflexión pública que causó muchos estragos en el sector
ideológico del país, el escritor y ensayista José Revueltas llegó a la conclusión de que en
México estaba comprobada la inexistencia histórica de un partido realmente de izquierda
que se definiera por la defensa y representatividad del proletariado en modos de clase
obrera o de sindicatos de trabajadores.
El Partido Comunista Mexicano lo expulsó dos veces de sus filas por el contenido
de sus críticas –pero sobre todo por la profundidad de sus argumentación–. Como
organización poseedora de manera oficial del apellido comunista, el PCM tuvo una breve
intervención en actividades propias de sus definiciones estructurales: en 1958 logró agitar
el ambiente sindical y militantes públicos del partido llegaron a dirigencias sindicales de
maestros, ferrocarrileros, tranviarios y electricistas, pero una represión brutal del
secretario del trabajo, Adolfo López Mateos, y del secretario de Gobernación, Gustavo
Díaz Ordaz, reprimió y encarceló a los dirigente sindicales.
El PCM como izquierda comunista se desactivó y en 1963 llegó a su dirigencia el
militante de la burocracia partidista Arnoldo Martínez Verdugo y condujo al partido hasta
su desaparición en 1989. El comunismo mexicano sacó el apellido comunista de su
nombre en 1981, lo metió en la legalidad institucional priista y sólo alcanzó un promedio
de 4% de la votación.
De 1963 a 1977, el PCM se alejó de sus principios proletarios y sindicalistas, se
refugió en universidades públicas sin influencia en el contenido de los programas
educativos y apostó por la institucionalización que lo desactivó como partido
representante de la clase obrera. En 1968, el bloque de la Juventud Comunista tuvo una
participación marginal en el movimiento estudiantil, y la razón la explicó con claridad José
Revueltas: las revoluciones no las hacen los estudiantes sino la clase obrera organizada
para tomar el poder; fue el propio Revueltas señaló que la gran lucha de la izquierda
comunista estudiantil debía darse en la apropiación del modelo educativo y sugirió la
bandera de la “autogestión universitaria”, pero los jóvenes comunistas comandados por
Pablo Gómez Álvarez sentían estar haciendo la revolución proletaria.
Revueltas publicó en 1962 el libro Ensayo sobre un proletariado sin cabeza y
demostró con argumentaciones marxistas que el PCM ni era partido, ni era comunista, ni
era mexicano. Con ese texto, Revueltas fijó el epitafio de la izquierda mexicana, y la
facción del PCM se puso en el furgón de cola del tren institucional que había señalado sin
ningún razonamiento científico social que la izquierda había sido creada-fundada-
inventada por el PRI.
Las dos variantes del PCM con nuevos nombres de 1963 a 1989 nunca pudieron
fijar en el debate ideológico un espacio para el enfoque comunista, a partir de la
concepción también científica señalada por Marx y Engels en 1848 de la organización
binaria de la sociedad a partir del modelo de producción dividido entre burguesía
propietaria y proletariado obrero y que en ese modelo no cabía quien quisiera hablar de
socialismo como placebo de la ideología comunista.
La izquierda del PRI, deslavada como nacionalismo revolucionario pero sometida a
la mayoría ideológica de la derecha priista, tampoco pudo ofertar una posición creíble y
confiable. En 1988, el PCM declinó su bandera como partido autónomo y se sumó –más
bien, se subordinó– nada menos que a la corriente poscardenista del PRI que había
perdido todas las batallas en defensa del proyecto político-ideológico del presidente
Lázaro Cárdenas del Río.
En 1989, el PCM –disfrazado de PSUM y PMS– quemó sus naves y entregó su
registro como partido al mazacote que representaba el Frente Democrático Nacional de
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y de las cenizas del comunismo histórico emergió el
Partido de la Revolución Democrática, una organización desde la ideología socialista-no-
comunista y sí priista, temerosa de la caracterización de poscardenismo y autodefinida
como socialdemócrata hacía en modo de socialismo aguado. Por contradicciones
inherentes a la confluencia de enfoques ideológicos caóticos, el PCM-PRD se dividió entre
la corriente prianista de los Chuchos y el bloque populista-asistencialista de López
Obrador.
Ayer que se cumplieron 50 años del fallecimiento de Revueltas, se percibió con
claridad la inexistencia de una verdadera izquierda comunista –vamos: aunque fuera
comunismo utópico– y se entendió por qué la traición de Martínez Verdugo al PCM
cambiándole de nombre y sometiéndose a las reglas del conservadurismo institucional del
priismo de Jesús Reyes Heroles y José López Portillo liquidó a la izquierda comunista
mexicana por un registro sin fuerza de votos; y hoy, violando la seriedad del análisis
científico social, se dice que Morena y su gobierno son “la” izquierda, pero colocados –y
ahí está el despropósito– a la derecha de lo que fue la vieja izquierda del nacionalismo
revolucionario Del PRI.
Revueltas está a la espera de su reivindicación ideológica.
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Política para dummies: La política se define por las ideas y no por los
oportunismos.
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