La burla de no mentir, no robar, no traicionar
Morena, ahora sí, ante
una oposición real, no leal
Como si el tiempo político no hubiera pasado en México, el partido Morena se está
organizando en modo del viejo PRI como estructura electoral articulada en el aparato del
Estado, pero acicateado porque en las próximas votaciones enfrentará a una oposición
real –el grupo Somos México– y no una nueva versión de la oposición leal del PAN y el
PRD contra el PRI.
Y no son los mejores tiempos para Morena: los ajustes de espacios entre la
presidenta en funciones y el presidente emérito, las delaciones internas de corruptelas
políticas, la configuración los grupúsculos internos en torno al poder y la necesidad de que
López Obrador opere desde la oscuridad y no desde la calle
Los recientes ajustes en el aparato político de Morena –algunos de ellos en medio
de adversidades– están anunciando que las elecciones legislativas y de 17 gobernadores
en 2027 y desde luego las presidenciales en 2030 serán en modo PRI.
Hasta ahora, la disputa será entre Morena y Somos México, una alianza de
políticos de partidos, académicos y exfuncionarios del IFE/INE que se presenta como
organización electoral combativa.
Morena tiene muchos problemas: aunque no le entregaron el bastón de mando
del aparato político-electoral sino solo la agenda de continuidad programática, la
presidenta Claudia Sheinbaum Pardo estará enfrentando un problema político de la
dimensión del conflicto que se quiere subsanar: los programas sociales, el aparato
burocrático encargado de su distribución y supervisión, los gobernadores que distribuyen
beneficios a nivel estatal y el cierre del aparato público a cualquier negociación con la
oposición para reformular las funciones electorales gubernamentales están ya chocando
con las exigencias opositoras a nuevas reglas para las votaciones que no reproduzcan los
vicios del viejo PRI.
El presidente de López Obrador tiene el control del partido Morena pero con los
datos a la vista de que la intendencia de Luisa María Alcalde Luján ha paralizado las
funciones normales de la organización partidista en el poder y no ha podido siquiera
encontrar caminos de entendimiento con el Partido Verde y el Partido del Trabajo que
configuran la parte fundamental –el copetito de mayoría absoluta a mayoría calificada–
de la fuerza legislativa y constitucional del lopezobradorismo.
En este sentido, del Palacio de Invierno de Palenque han salido reacomodos en la
estructura de Morena para ir desplazando o anulando o hasta desdeñando a la presidenta
Alcalde Luján, quien no ha podido darle funcionalidad al partido en el poder con mayoría
calificada, a pesar de que recibió espacios de capacitación de políticas de Estado como
secretaria del Trabajo y nada menos que secretaria de Gobernación. Los jefes legislativos
morenistas reales –Adán Augusto López Hernández y Ricardo Monreal Avila– han
comenzado a manejar los hilos del partido desde el cargo menor en jerarquía pero
determinante en funcionamiento operativo de coordinaciones de circunscripciones
plurinominales.
En el ejercicio del poder absolutista, Morena tiene dos hilos sueltos que se están
convirtiendo en problemas de gestión interna: las evidencias de que ya cayó en el vicio del
PRD de estar dividido internamente en tribus de poder y por primera vez desde la
fundación del régimen priista –vigente como régimen y sistema político– existe una
oposición que de origen ya no es la oposición leal que el PRI tuvo con el PAN aún en la
presidencia y con el PRD nacido de las profundidades estructurales cardenistas del PRM-
PRI.
Las crisis al interior de la familia del poder podrán de alguna manera entrar en
zona de control mínimo de daños, pero a costa de desarticulación de lealtades: las
acusaciones de Julio Scherer Ibarra y su cercanía al poder nada menos que como
consejero jurídico del presidente de la República, el desaseo en el desplazamiento de
Alejandro Gertz Manero de una Fiscalía que estaba respondiendo a los intereses
lopezobradoristas y el congelamiento del equipo jurídico de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea
por el incumplimiento de compromisos pactados, son algunos de los indicios que revelan
que internamente López Obrador ya no garantiza la cohesión del grupo.
Y con mucha habilidad, el Partido Verde y el Partido del Trabajo entendieron la
debilidad de Morena y del Ejecutivo de Sheinbaum y encarecieron su alianza con
demandas que tienen que cumplirse o Morena quedará solo como primera minoría y no
alcanzaría siquiera la mayoría absoluta del 51%.
Para completar el cuadro, el nuevo grupo político Somos México logró finalmente
la confluencia de toda la oposición real al populismo lopezobradorista y podría concitar a
su alrededor a la oposición efectiva que ya no representan ni el PAN, ni el PRI en vías de
extinción, ni Movimiento Ciudadano de origen priista.
Este nuevo cuadro político en el que Morena no tiene los hilos del control se
acomodan las decisiones provenientes de Palenque para olvidarse del país y sus
problemas a partir de ahora y dedicar tiempo completo a garantizar el funcionamiento de
Morena como partido del Estado lopezobradorista.
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Política para dummies: La política sirve mucho para los opositores.
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