Las Batallas
Raúl Castro matará a Cuba;
desdeñó apoyo de Obama
El general del Ejército Raúl Castro Ruz, actualmente con 94 años a cuestas, es el
responsable del fracaso de una salida política de Cuba que le abrió en 2014-2016 el
presidente Barack Obama para que diera el salto histórico de la simbólica, deteriorada y
dictatorial revolución cubana a la configuración de un Estado instituciona en Cuba con
libertades indispensables y aún sin modificar su régimen marxista-leninista.
A pesar de la carga política que había representado la comunidad cubana en Miami
y su filiación conservadora que provocó la derrota del candidato demócrata Al Gore por la
decisión del presidente Clinton de regresar a Cuba al niño Elián González en 2000, el
presidente Obama le dio la gran oportunidad –que se supone haber sido negociada en
secreto en conversaciones previas– para que Cuba saliera del arrinconamiento político
que era parte del discurso acusatorio de La Habana contra el acoso de Washington.
Las conversaciones culminaron con la visita a Cuba de Obama en marzo de 2016,
un hecho histórico después de que la Unión Soviética instaló en 1962 misiles balísticos en
La Habana apuntando hacia Estados Unidos y el mundo se vio a la orilla de una guerra
nuclear. Obama visitó La Habana nueve meses antes de la muerte de Fidel Castro y
oficialmente los encuentros no fueron con el comandante histórico de la revolución
cubana sino con su hermano menor Raúl, el gran dictador de Cuba.
Obama pronunció el 22 de marzo de 2016 un discurso estratégico en el Gran
Teatro de La Habana que contó con la presencia del propio general Raúl Castro Ruz y ahí el
presidente estadounidense hizo un anuncio histórico: los primeros pasos formales para
terminar con el bloqueo y el acoso de Estados Unidos a la pequeña isla del caribe, pero lo
hizo con el reconocimiento de los errores estratégicos de Washington. Cinco
pronunciamientos destacaron en ese discurso:
–El reconocimiento de Obama de que el restablecimiento de relaciones
diplomáticas anunciadas el 17 de diciembre de 2014 eran la aceptación de que “lo que
estaba haciendo Estados Unidos no funcionaba”, un bloqueo hijo de la guerra fría.
–El anuncio público de que como presidente de Estados Unidos había hecho
Obama “un llamado al congreso (estadounidense) para levantar el embargo”, con la
confesión de que “es una carga anticuada que lleva a cuestas el pueblo cubano y es una
carga para el pueblo estadounidense que quiere trabajar y hacer negocios o invertir en
Cuba. Es hora de que levantemos el embargo”.
–El anuncio formal –que seguramente causó estragos en las oficinas centrales de
la CIA en Langley, Virginia– de haber “dejado claro que Estados Unidos no tiene ni la
capacidad ni la intención de poner cambios en Cuba. Lo que cambie dependerá del
pueblo cubano. No vamos a imponerles nuestro sistema político ni económico”.
–Le dio de frente un mensaje directo al general Raúl Castro Ruz, “a quien le
agradezco que esté aquí hoy”: “quiero que sepa que mi visita demuestra que no tiene por
qué temer una amenaza de los Estados Unidos”.
–Y de modo significativo, Obama dijo hablar en nombre también de los cubanos
exiliados en Miami y a partir de ahí convocó a una reconciliación entre los cubanos de La
Habana y los cubanos en EU.
El mensaje final de Obama en La Habana y delante del jefe operativo de la
revolución cubana tampoco dejó sombra de duda sobre la gran oportunidad que la Casa
Blanca le daba al gobierno del general Raúl Castro Ruz para optar por una transición
política pacífica y progresiva: “he venido aquí a enterrar el último resquicio de la guerra
fría en el continente americano”.
La respuesta de la gerontocracia militarista que tiene el control político, social y de
negocios multimillonarios para beneficio desde la élite dirigente fue desdeñar el camino
abierto por Obama. Grave error: el 20 de enero de 2017 tomó posesión de la Casa Blanca
el presidente Donald Trump y una de sus principales decisiones fue echar abajo todas las
negociaciones de acuerdo pacífico entre Washington y La Habana y de modo claro marcar
el objetivo histórico de destruir los vestigios de la revolución cubana que apenas ahora,
nueve años después, tomó las decisiones operativas para liquidar de una vez por todas al
gobierno militarista de los hermanos Castro en Cuba.
El gobierno cubano de Raúl Castro desdeñó ostentosamente cualquier
oportunidad de cambio político en Cuba y le apostó al apotegma con el cual nació la
revolución cubana: “patria o muerte, venceremos”.
Las decisiones del presidente Obama para un periodo de distensión con Cuba y el
apoyo a medidas de apertura política interna habían ocurrido después del primer intento
realizado por el presidente William Clinton con la intermediación del escritor colombiano
Gabriel García Márquez y del expresidente mexicano Carlos Salinas de Gortari.
El proyecto de la Casa Blanca de Trump hacia Cuba de cortar el suministro de
petróleo de Venezuela y México marca el desmoronamiento inevitable del proyecto
castrista en Cuba, a menos de que alguna parte de la élite política y militar juegue al
modelo venezolano de Delcy Rodríguez de un relevo de la gerontocracia militar por un
grupo transicionista.
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Política para dummies: la política sirve para construir la patria o morir como
sociedad en el intento.
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