El Maximato
México-EU: sadomasoquismo;
cárteles envenenan la relación
Si se revisa con el rigor metodológico de la geopolítica, la relación descompuesta
entre Estados Unidos y México no tiene que ver con hechos más allá del discurso retórico
de la Doctrina Monroe y de la Doctrina del Destino Manifiesto, porque no hay forma de
que la Casa Blanca quiera quitarle más porciones territoriales a México o convertirlo en el
estado 51 de la Unión americana.
El punto de fricción es muy sencillo de localizar, pero muy complejo de evaluar por
lo que se encuentra subyacente y fuera de la vista pública: Estados Unidos está
convencido de que México es un narcoestado porque los cárteles del tráfico de drogas
siguen como estructuras de producción y contrabando de estupefacientes y solo puede
existir con la protección que esas bandas delictivas han contado prácticamente desde que
la Dirección Federal de Seguridad de la Secretaría de Gobernación de Manuel Bartlett Díaz
en 1984 pasó de proteger y a subordinarse a los primeros cárteles del narcotráfico.
En retórica de seguridad nacional, México tiene razón en argumentar fundamentos
de soberanía para no complacer las quejas de Estados Unidos, pero detrás de ese discurso
se encuentra efectivamente el hecho de que el poder económico de los cárteles del
narcotráfico ya está sometiendo a instancias de gobierno en la mayor parte de la
República.
El caso que puede ejemplificar la esencia del desencuentro México-EU es el Cártel
de Sinaloa de Joaquín El Chapo Guzmán Loera y luego de Ismael El Mayo Zambada. En las
áreas de inteligencia y seguridad nacional de EU primero se sorprendieron del discurso
político del presidente López Obrador para evitar que Estados Unidos metiera las manos y
destruyera esa organización delictiva, pasando por el tratamiento del señor Loera al jefe
criminal conocido como El Chapo y el saludo ostentoso de mano en la zona territorial del
narco en Sinaloa nada menos que a la mamá del Chapo. Y luego se revelaron los datos de
que el gobernador lopezobradorista sinaloense Rubén Rocha Moya había pactado
acuerdos de protección política con ese cártel para obtener el beneplácito a su
candidatura a mandatario estatal.
La insistencia de Estados Unidos en el narcoestado mexicano y la negativa de
López Obrador y de su sucesora Claudia Sheinbaum Pardo de permitir que fuerzas de
seguridad de Estados Unidos entren para operar acciones directas o en colaboración que
destruyan las estructuras del cártel de Sinaloa ha trabado la relación. Y en EU no
entienden que los criminales del cártel sean disfrazados retóricamente de “generadores
de violencia” y no como delincuentes en toda la palabra.
La queja de Estados Unidos reitera que México tiene un plan en cámara lenta para
ir desplazando –no destruyendo– al Cártel de Sinaloa de su zona de influencia, pero sin
rescatar la soberanía del Estado mexicano que ha sido expropiada por los delincuentes de
la banda del Chapo y del Mayo. Por eso la producción de fentanilo ha disminuido pero no
ha destruido estructura del cártel.
La relación bilateral llegó ya al punto de amenazas invasoras. Trump anunció
operaciones por tierra dentro de territorio mexicano y de manera unilateral para destruir
al Cártel de Sinaloa y México volvió a negarse con criterios de seguridad nacional y
soberanía territorial, pero dejando sin tocar la existencia y reconstrucción autopoiética de
la banda criminal que tiene ya sus células autónomas en territorio estadounidense para
meter droga, distribuirla en todo el país y venderla en las calles americanas.
Ahí se manifiesta el modelo sadomasoquista: México dice pégame y Estados
Unidos con el rostro retorcido responde que no. Y en el espacio intermedio, el Cártel de
Sinaloa sigue teniendo el control delictivo y político de Sinaloa y continúa manteniendo al
estado bajo los dictados criminales de chapitos y mayitos, chapos y mayos o como quiera
que se le caracterice, pero al final de cuentas el Cártel de Sinaloa sigue mandando en el
estado y zonas de influencia y sigue contrabandeando droga a Estados Unidos.
Las interpretaciones de que por qué en México no se alía a Estados Unidos para
destruir al Cártel de Sinaloa y a los otros cinco cárteles narcoterroristas pueden ser de
diferente expresión y profundidad, pero al final han pasado cinco años de gobierno
estadounidense de Trump y el Cártel de Sinaloa sigue vivo, los narcos continúan
controlando la producción y tráfico de drogas y esa organización se mantiene como la
número 1 en la lista de la DEA como traficante de estupefacientes dentro de Estados
Unidos.
Al final de cuentas queda la percepción de que el gobierno mexicano no quiere
destruir –por la razón que sea– al Cártel de Sinaloa y Estados Unidos tampoco quedará
satisfecho hasta que logre obligar a México aceptar operaciones conjuntas de destrucción
de esa organización criminal.
Mientras tanto, la relación México EU que depende básicamente del Tratado
comercial ya está contaminada con aranceles de castigo por narcotráfico y con amenazas
de reducir los beneficios mexicanos en el intercambio comercial. EU ha dejado claro, no
quitará el dedo del renglón hasta combatir directamente al Cártel de Sinaloa en México.
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Política para dummies: la política es muy sencilla de identificar pero complejísima
de interpretar.
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