Filosofía sin escrúpulos
Cuba: patria o muerte, dogma
que se diluye por fracaso
El enésimo acoso del Gobierno de Estados Unidos contra la República socialista de
Cuba está encontrando ánimos y desánimos diferentes a la respuesta de 1961 cuando
ocurrió un intento de invasión organizado por la CIA y derrotado de manera humillante en
Playa Girón, en la Bahía de Cochinos de la isla.
La respuesta agresiva de “patria o muerte: venceremos” partió en su momento de
la fuerza política del movimiento encabezado por el comandante Fidel Castro Ruz para
instaurar a partir de esa invasión derrotada un régimen específicamente marxista-
leninista, pagando el costo del aislamiento en la OEA en 1962, donde México –no debe
olvidarse– se negó a obedecer la orden de la Casa Blanca a esa organización calificada por
el propio Castro como el “Departamento de Colonias” de EU para romper relaciones
diplomáticas con la Isla.
Pero en lugar del paraíso comunista, a través de un régimen político y económico
socialista, Cuba se fue degradando en una dictadura familiar y militar peor que la de
Fulgencio Batista, aunque México cayó en la trampa ideológica. En julio de 1959, el
expresidente Lázaro Cárdenas fue el gran invitado de honor al primer mitin de la
revolución triunfante en La Habana, pero a unos cuantos pasos del presídium de la Plaza
de la Revolución el comandante Fidel Castro inició la depuración al estilo estalinista de
otros comandantes revolucionarios que no querían el comunismo sino una democracia
socialista, y ese mismo momento fue arrestado el comandante Huber Matos y
encarcelado en condiciones denigrantes durante 20 años porque se negó a solicitar el
perdón del dictador Castro.
La investigadora Olga Pellicer publicó en 1972 su estudio todavía vigente México y
la Revolución Cubana (Edición El Colegio de México) y ahí se encuentran las razones por
las cuales la izquierda priista y la izquierda comunista articularon su dependencia del
significado social de la revolución de los barbudos de la Sierra Maestra. Sin embargo, la
transformación de Cuba en una dictadura comenzó de manera silenciosa en 1961 —
apenas tres años después de la victoria– con el regaño de Fidel Castro a los intelectuales y
culminó en abril de 1971 con el repudio de otros intelectuales que apoyaron a la
revolución por el arresto y tortura del poeta Heberto Padilla.
Cuba se transformó en una dictadura militar, familiar y personal a partir de 1972,
pero México lo utilizó como un contrapunto del precario equilibrio ideológico que Estados
Unidos había radicalizado a la derecha, pero sin dar el zarpazo final por los compromisos
de la Casa Blanca de Kennedy con la Unión Soviética de Jrushchov de desmantelar los
misiles rusos en La Habana que apuntaban hacia territorio estadounidense a solo 90 millas
de Florida a cambio de no invadir Cuba.
Echeverría y López Portillo le dieron aire artificial a Fidel Castro, pero el dictador
cubano fue desdeñoso porque se consideraba una parte de la historia universal y nunca
entendió que la Revolución Cubana era una argumentación política que requería libertad,
desarrollo y convivencia. De la Madrid y Salinas excluyeron a Cuba y Fidel se desquitó
diciendo que Mickey Mouse era más conocido que el presidente Zedillo. Luego vino la
humillación de Vicente Fox pidiéndole al gran líder mundial de la Sierra Maestra: “comes y
te vas”, porque México quería quedar bien con Bush Jr.
Se terminó la URSS y Rusia y China no ven como prioridad a Cuba, y se dio el caso
de que Chávez y sobre todo López Obrador justificaron su apoyo a Cuba por razones
ideológicas. Pero en todo ese tiempo de 1972 a ahora 2026, Cuba ha sido incapaz de
sacrificar espacios internos represivos para garantizar su viabilidad y para justificar el
apoyo de Chávez-Maduro y López Obrador-Sheinbaum.
En este contexto se revive el grito de “patria o muerte” que salen de las gargantas
de la gerontocracia revolucionaria sobreviviente ante el peso de la edad pero sobre todo
por la traición de corruptelas de los comandantes –y se incluye a los familiares directos de
Fidel y Raúl Castro–, sin entender que las circunstancias de Venezuela y México ya no
favorecen el apoyo ideológico y que incluso los referentes geopolíticos de contrapesos
han sido aplastados con vulgaridad pero eficacia por el presidente Trump y su brazo
derecho el cubano-americano Mario Rubio, aquí en el habitante principal de la Casa
Blanca ya destapó por la vía del dedazo a la mexicana como candidato a la presidencia de
la Cuba recuperada por Estados Unidos.
Y aun así, la dirigencia castrista parece que se va a hundir en el derrumbe final de
un proyecto ideológico que marcó el decenio de los años sesenta con la expectativa
simbólica de una revolución popular socialista, aunque terminó en una dictadura similar a
la de Pol Pot en la Kampuchea de los setenta.
Castro parece haber optado por la inmolación y no por una salida política
negociada. Y Cuba finalizará como la URSS con Gorbachov.
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Política para dummies: La política sirve para entender los momentos históricos,
pero hay políticos que la usan de mortaja.
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