Nada personal
Revisión del T-MEC, “doblar”
a México sin invasión militar
La revisión obligatoria del tratado de Comercio libre este año está siendo
preparada en Estados Unidos como el instrumento o el mecanismo de coerción política,
diplomática y de seguridad con México para conseguir los objetivos del presidente Donald
Trump de tomar el control de la economía, el poder y los recursos mexicanos.
El lado mexicano está preparado para desahogar los expedientes estrictamente
comerciales, pero algunos indicios de la Casa Blanca están perfilando que la verdadera
agenda bilateral, geopolítica y de seguridad nacional estará presente con expedientes
colaterales.
El presidente Trump tiene acorralando –y no hay otra palabra– al gobierno
mexicano con el uso en vigor de aranceles anti-TCL a cambio de exigencias de seguridad
nacional, frontera, migración y narcotráfico y penden todavía como espada de Damocles
otros aranceles especiales que están a la espera de resultados no estrictamente
productivos, sino de políticas de seguridad mexicanas.
Uno de los temas que está sacando chispas en los últimos días en las relaciones
bilaterales es el del apoyo petrolero de México a Cuba, cuyas razones históricas
geopolíticas le funcionaron a México desde que el gobierno mexicano de López Mateos se
negó a romper relaciones diplomáticas con La Habana por órdenes directas de EU a la
OEA. Pero con Trump y su secretario de Estado-consejero de Seguridad Nacional de
nacionalidad cubana, Marco Rubio, tiene otros datos y otros objetivos.
El aparato agresivo del Tesoro tiene también preparadas ya líneas de acción para
sancionar a México por violar directrices nacionales de Estados Unidos que han sido
impuestas arbitrariamente como líneas de acción para someter políticas exteriores de
otros países. Y también sigue vigente el incumplido –por México– acuerdo del
Departamento de Estado para suspender el apoyo de México a Cuba con la contratación
de médicos que independiente de su capacidad o no en los hechos no pueden ejercer por
falta de equidistancia en el reconocimiento de grados, y aún en el caso lo comprobado de
que la medicina de investigación en Cuba está muy adelantada.
Del lado mexicano no se tienen informaciones sobre lo que se tenga preparado
para las mesas de negociación del Tratado que tengan que ver con políticas internas de
México, aunque con efectos muy graves en la estrategia de seguridad nacional de Estados
Unidos que está aplicando las tres doctrinas imperiales del dominio geopolítico: la del
gran garrote con invasiones, golpes de Estado y secuestros, la Monroe que le permite a la
Casa Blanca la decisión unilateral de tomar el control total del continente americano –y ya
se incluye a Groenlandia– y la del Destino Manifiesto que viene desde los puritanos que
arribaron a América en el siglo XVII para cumplir el designio divino de la Providencia de
que los EU representan el Reino de Dios en la Tierra.
Los aranceles de castigo en curso y la amenaza de otros que se han ido
posponiendo a la espera de que México muestre buena voluntad van a ser el instrumento
coercitivo de la Casa Blanca, y por si ese mecanismo fallara, también se preparan ya
filtraciones de la famosa lista de decenas de políticos mexicanos involucrados con las
bandas del narcotráfico y del huachicoleo de combustible y el huachicoleo fiscal.
En ciertos niveles vinculados a Estados Unidos circula la percepción de cuando
menos cinco altos funcionarios de las 4T a nivel federal y estatal podrían enfrentar
expedientes públicos en Cortes judiciales estadounidenses por relaciones peligrosas con
los cárteles, aunque en esos sectores oscuros se tiene el indicio de que el gobernador de
Sinaloa, Rubén Rocha Moya, habría superado algunas acusaciones en su contra por
relaciones reconocidas de manera pública con el Cártel de Sinaloa del Chapo Guzmán y del
Mayo Zambada, pero solo por el hecho de haber estado presuntamente involucrado en el
secuestro del Mayo que un hijo del Chapo operó para entregarlo a la DEA en Estados
Unidos.
A ello se debe agregar la parte estrictamente comercial del Tratado, toda vez que
en los 32 años de vigencia del acuerdo México fue incapaz de construir una planta
industrial competitiva, abandonó la existente y la participación mexicana en los productos
de exportación bajó de 60% a 40%. Y el enfoque mexicano del Tratado se reduce a
políticas directas de oficinas públicas, pero sin ningún acuerdo real de apoyo a la parte
industrial privada que se ha ido deshaciendo para regresar a México a una política
industrial maquiladora extranjera.
Y como un elemento vigente que aquí en México no ha habido preocupación por
apuntalarlo y que en Estados Unidos está siendo procesado con displicencia imperial,
México tampoco ha colaborado en nada en el caso del presidente Maduro y el discurso
nacionalista está en línea de confrontación directa con la narrativa central del presidente
Trump.
-0-
Política para dummies: la política ayuda cuando quieren que ayude, y, como decía
Don Teofilito, no cuando no quieren que ayude.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del
periódico que la publica.
[email protected]
http://elindependiente.mx
@carlosramirezh