Filosofía sin escrúpulos
No virreinato en Venezuela,
sino Proconsulado de EU
En las primeras horas después de la penetración de tropas y agencias de
inteligencia a Venezuela para arrestar en forma ilegal al presidente en funciones Nicolás
Maduro, el presidente Trump dejó muy claro que se trató de una operación que está lejos
de constituir al país sudamericano como un Virreinato y recuperó el modelo de la Roma
de los Césares con autoridades extranjeras funcionando como verdadero Proconsulado de
EU en otro país.
El modelo de Proconsulado es conocido en México porque fue popularizado en
1939 por José Vasconcelos en su libro de memorias titulado precisamente El Proconsulado
y que recoge el intervencionismo de Estados Unidos durante la negociación de los
Tratados de Bucareli y luego durante el proceso electoral de 1929: el embajador
estadounidense Dwight Morrow se convirtió en la autoridad constructora del régimen
estabilizador del presidente Plutarco Elías Calles en cuanto menos dos decisiones clave: la
negociación de la paz con la iglesia y la conseja de Morrow para crear el Partido Nacional
Revolucionario como un factor estabilizador que le convenía a Washington.
El presidente Trump fue muy claro en anunciar la apropiación del petróleo y el
dinero de su venta para ser administrado de acuerdo con los intereses de Estados Unidos,
algo similar a lo que ocurrió en 1995 cuando el presidente mexicano Ernesto Zedillo Ponce
de León negoció un préstamo de emergencia con la Casa Blanca por 50,000 millones de
dólares y en garantía entregó la factura petrolera que Estados Unidos administró para no
perder el crédito que ayudaría a disminuir las presiones en tipo de cambio por el
gravísimo error de diciembre y la pavorosa fuga de capitales que terminó de vaciar las
reservas internacionales del Banco de México.
El modelo del Proconsulado que cuenta Vasconcelos –por cierto, padre del actual
representante permanente de México en la ONU, Héctor Vasconcelos– en el tomo IV de
sus memorias –segunda parte del tomo II en la edición del Fondo de Cultura Económica–,
coloca la capacidad de gestión del embajador Morrow en la consolidación de la
estabilización de México sobre todo en la rebelión cristera y define cómo funcionan los
Proconsulados de EU como aparatos de poder en otro país para contribuir a enfrentar
inestabilidades que afectan los intereses geopolíticos y económicos de Estados Unidos
como centro imperial invasor.
El esquema lo explica el historiador Jean Meyer en el prólogo al tomo El
Proconsulado de Vasconcelos:
“Si Morrow tenía prisa por llegar a un acuerdo era porque, pasado el peligro
escobarista (última rebelión militar revolucionaria), veía al gobierno (de Calles)
amenazado por un asunto más serio (las elecciones de 1929), cuando el fin a que había
tendido la política norteamericana sería asegurar el mantenimiento del régimen callista”
“…Morrow, hombre realista, quería encontrar un modus vivendi para entenderse
bien con los mexicanos. Para eso tuvo que combatir con la intransigencia de los petroleros
y de algunos diplomáticos estadounidenses, pero lo consiguió tan bien que la política de
Calles, a partir de su llegada cesó de inquietar los intereses económicos extranjeros, a tal
grado que llegaron a pensar qué Calles era el mejor presidente desde Díaz”.
Meyer incluye en su prólogo una carta del entonces político Manuel Gómez Morin
dirigida a Edward Levy después de la muerte de Morrow y ahí se termina de explicar el
método del Proconsulado como intervención de intereses de Estados Unidos para
estabilizar a México y beneficiar a la estrategia imperial americana. El objetivo era “la
organización estable de la política mexicana” a partir de los intereses representados por
el embajador Morrow y Meyer registra un dato que ocurrió en la búsqueda de un intento
de acuerdo promovido por EU entre Vasconcelos y Calles: el diplomático estadounidense
“le ofrecía (a Vasconcelos), a cambio de la paciencia (y no movilización revolucionaria
poselectoral), la rectoría de la UNAM y una o dos secretarías en el gabinete (callista) para
sus partidarios (de Vasconcelos).
Además de apropiarse del petróleo y de los recursos de venta del crudo, Trump
anunció un triunvirato que gobernaría Venezuela desde Washington formado por el
secretario de Estado, el secretario de Guerra y el subdirector de políticas de la Casa
Blanca, con poder sobre la presidenta sustituta Delcy Rodríguez en funciones de
intendente local encargada de tranquilizar a los sectores radicales chavistas-maduristas,
pero sin ninguna capacidad de ejecutiva porque el poder real en Venezuela está en la Casa
Blanca en Washington.
Si en términos formales no hubo invasión porque no se quedaron las tropas
estadounidenses en Venezuela, en realidad se trató de una invasión por fuerzas militares
y de inteligencia para secuestrar a un presidente de otra nación –indefendible, pero con
representación institucional–, ni tampoco un virreinato porque Rubio seguirá en
Washington, y por lo tanto se aplica el modelo del Proconsulado de EU en modo de los
consulados de la Roma de los Césares.
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Política para dummies: la política es el rostro disfrazado del poder absoluto.
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