Nada personal
Chile: ola neoliberal desplaza
a la ola populista por la crisis
El modelo pendular en proyectos políticos e ideológicos de gobierno ha superado
los ciclos de los golpes de Estado que afectaron la estabilidad de la región latinoamericana
en poco más de los tres primeros cuartos del Siglo XX. El dato mayor no es militar ni
político: el desgaste del populismo oscila hacia el neoliberalismo y en la crisis entonces
regresan las figuras conservadoras.
Fidel Castro, Daniel Ortega, Somoza y ahora Nicolás Maduro rompieron el ritmo
democrático y profundizaron revoluciones militares para mantenerse en el poder
presidencial a pesar de los mandatos electorales en contra; en otros países, el relevo
democrático es una salida.
Las sociedades latinoamericanas han encontrado el camino de una estabilidad
mínima con el cumplimiento del mandato de las urnas. Pero la historia de la región se
puede sintetizar en México: el modelo político del péndulo que oscila entre los extremos:
el conservadurismo económico y el liberalismo político, dato que fue registrado nada
menos que 1837 por José María Luis Mora al detectar la tensión dinámica como dinamo
político y social entre “la marcha política del progreso” y “la marcha política del
retroceso”.
Y Edmundo O´Gorman analizó la dialéctica liberalismo-conservadurismo a
mediados del Siglo XIX y colocó a los liberales buscando la modernización al estilo
norteamericano y los conservadores al estilo español, pero al final los liberales aceptaron
lo inevitable de la propuesta de modernización española y los conservadores quedaron
convencidos de la propuesta de modernización americana.
Las oscilaciones liberales-conservadoras evitaron muchas veces derramamiento de
sangre, pero la situación se complicó en circunstancias como la venezolana con Maduro,
quién ha aplicado la técnica de un golpe de Estado político para mantenerse en el poder al
que llegó junto con Hugo Chávez a través del respeto a las reglas democráticas y luego
desdeñaron esas limitaciones para encadenarse a la silla presidencial, generando las
condiciones de una invasión estadounidense, de un golpe de Estado formal o de visos de
guerra civil.
Chile acaba de mostrar las oscilaciones pendulares: Allende instauró un régimen
socialista-comunista democrático y fue derrocado por los militares apoyados por la Casa
Blanca para una dictadura neoliberal en modo brutal; luego Pinochet no aguantó la
presión social y tuvo que aceptar salir del poder dejando una democracia vigilada, pero
con espacios de reconocimiento al voto ciudadano; regresó la Democracia Cristiana y la
crisis política abrió el camino a un gobierno de candidatura socialista-comunista, pero en
la práctica más neoliberal que cualquier otro parecido; la izquierda comunista se instaló
en La Moneda bombardeada, pero la crisis social y política permitió el regreso electoral de
la ultraderecha pinochetista y neoliberal a través del camino democrático.
Hasta ahora de manera interesada y medio forzando las circunstancias, la
oposición mexicana está tratando de crear un ambiente que lleve a la conclusión de que la
4T estaría creando las condiciones para ganar un tercer sexenio en la presidencia y el
poder legislativo, pero aún si las circunstancias electorales le disminuyeran la mayoría
calificada de tres cuartas partes del Congreso para reformas constitucionales.
Sin embargo, desde ahora se puede decir que será muy difícil que la coalición
dominante de Morena –en modo que aspira a ser hegemonía– quiera tergiversar la
estructura electoral con una reforma que estará rigurosamente vigilada y acotada o que
reproduzca los viejos vicios del PRI para apropiarse de votos no democráticos. Hasta
ahora, la 4T está confiada en la construcción de una base social-electoral dependiente de
las transferencias de dinero en efectivo y directo a una mayoría marginada, pero hay que
recordar que el PRI hizo lo mismo hasta que la ciudadanía encontró una opción opositora.
El acento de gobiernos neoliberales de derecha política e ideológica tiene que ver
con la batalla de las ideas que las redes sociales han potenciado, pero no hay que perder
de vista que esa oscilación pendular ha sido también producto de la acumulación de
pobreza, marginación, represión y dominación autoritaria del crimen organizado.
Cuba, Nicaragua y Venezuela son coyunturas excepcionales, pero en el resto de la
región latinoamericana existe ya una sociedad madura que es capaz de ejercer su
conciencia para convertir su voto en un mandato ciudadano que modifique la correlación
de fuerzas ideológicas y productivas.
El auge del neoliberalismo, por lo demás, es producto de la crisis presupuestal de
los estados populistas y en esta lógica hay que percibir los votos a la derecha por el
agotamiento del Estado que se dedica a subsidiar la pobreza pero no a cambiar la
correlación de clases entre la sociedad y solo ancla a sectores sociales bajos a la
dependencia a los subsidios regalados.
Chile fue otro campanazo de atención a la crisis del populismo y el regreso
pendular del neoliberalismo.
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Política para dummies: la política alcanza para explicar a lucha de clases en
términos sencillos.
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