La importancia de lo incomprensible
T-MEC: solo dependencia; CSP
comete mismo error que Salinas
A partir del criterio de que el Tratado es un instrumento clave para las economías
de México y Estados Unidos, en los hechos solo se están revisando los objetivos no
comerciales: la Casa Blanca busca amarrar a Palacio Nacional a los objetivos de seguridad
nacional trumpiana y México sólo aspira a seguir en el furgón de cola.
El presidente Trump y la presidenta de Sheinbaum Pardo tienen muy claro que no
existe una alternativa al mecanismo de comercio exterior del Tratado, que no se puede
inventar en el corto plazo y que Washington sigue teniendo la sartén por el mango y por
eso está llevando al absurdo económico de un acuerdo comercial antiarancelario con
mecanismos arancelarios redivivos qué van a afectar a México.
Los dos países saben que el Tratado negociado en 1986-1994 –desde el ingreso de
México al GATT hasta el Tratado como tal que inició el 1 de enero de 1994– ya no
funciona para los objetivos originales que diseñaron las estructuras existentes entonces,
pero que una reorganización total implicaría otro esfuerzo de otros cinco años o más de
negociaciones que ninguno de los dos países tiene.
La parte mexicana, en el fondo, entiende que carece de instrumentos para
conducir una negociación de acuerdo comercial porque no tiene una planta productiva
industrial y agropecuaria lo suficientemente autónoma como para competir con la
estadounidense. El Tratado fracasó en México porque no pudo modernizar su producción.
Y ahora la 4T comete el mismo error de no modernizar.
A principios de 1990, cuando las negociaciones secretas del Tratado entraron ya en
puntos muy formales, el presidente Carlos Salinas de Gortari aprobó el Programa Nacional
de Modernización Industrial y del Comercio Exterior 1990-1994, por medio del cual se
comprometía a una reorganización, adecuación y reconversión de la planta industrial para
tener un aparato productivo capaz de negociar fuerte con de Estados Unidos.
Los cuatro objetivos del programa implicaban un enorme esfuerzo de gobierno y
de pacto con el sector privado y con los sindicatos de trabajadores para que en el corto
plazo México tuviera capacidad de producir bienes y servicios a precios competitivos con
los tecnológicamente adelantados de Estados Unidos: fortalecimiento de un sector
exportador con altos niveles de competitividad, lograr un desarrollo regional más
equilibrado propiciando una adecuada utilización de los recursos productivos, promover y
defender los intereses comerciales de México en el exterior y crear empleos más
productivos e incrementar el bienestar de los consumidores.
Estos objetivos se sintetizaban en un concepto que era el eje rector de la
negociación del Tratado: la modernización de la industria y del comercio exterior. Y para
ello el programa establecía cinco objetivos también muy concretos: la
internacionalización de la industria nacional, el desarrollo tecnológico y el mejoramiento
de la productividad y la calidad, la desregulación de las actividades económicas, la
promoción de las exportaciones y el fortalecimiento del mercado interno.
El Programa de Modernización Industrial y del Comercio Exterior era el arma clave
de México para participar en el Tratado, pero el encargado de redactar el documento y de
darle cauce funcional a los objetivos y ejes era un economista tecnócrata que no creía en
la industria nacional y que solamente buscaba la eliminación de aranceles para una
apertura drástica e inmediata del comercio exterior: Jaime Serra Puche, quien después fue
responsable del error de diciembre de 1994.
A pesar de haber redactado y suscrito al programa, la estrategia de Serra solo
quitó todo el proteccionismo a la economía mexicana, abrió las fronteras a la libre
importación sin ningún programa de blindar a la muy precaria planta productiva que
funcionaba con proteccionista pero incapaz de competir con otras naciones y
sencillamente declaró que sí habría quiebra de empresas por falta de competitividad con
las americanas: “si van a quebrar mañana, pues que quiebren de una vez”.
Lo grave de esta estrategia de modernización industrial que era indispensable para
un Tratado equitativo fue que al presidente Salinas de Gortari tampoco se preocupó
dedicarle tiempo, esfuerzo y recursos a la modernización industrial y del comercio exterior
y aprobó la apertura brutal de fronteras para la libre importación de productos que se
producían muy caros en México y cuyas empresas locales tuvieron que cerrar por falta de
competitividad.
En este contexto y sin un programa actual de modernización industrial y del
comercio exterior, México está entregando hoy todo lo que pide Estados Unidos con el
ruego de que por favor firme el Tratado como sea pero que permita aún en menor
medida y con aranceles mantener la exportación entre las dos naciones.
Mientras no haya un proyecto de modernización industrial y agropecuaria, México
seguirá como el pariente pobre del Tratado.
-0-
Política para dummies: La política se define por las relaciones de producción entre
empresarios y trabajadores y el Estado solo cobra impuestos.
Tik Tok y Pregúntale a Carlos Ramírez en http://elindependidente.mx
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del
periódico que la publica.
[email protected]
http://elindependiente.com.mx
@carlosramirezh