El Maximato
Bloque Negro, amenaza para la
CDMX; versión de Halcones-71
Algo no cuadra en el escenario de la inestabilidad de seguridad interior de la
Ciudad de México como capital de la República: después de los gravísimos incidentes
ocurridos en la marcha del 2 de octubre con la agresión contra policías capitalinos y
contra negocios legales, el ya posicionado grupo político-radical-violento Bloque Negro
volvió a las andadas el martes 7 en la marcha organizada por Morena a favor de Palestina.
El Bloque Negro no representa ninguna posición política radical, ni tiene idea de
ser guerrilla, carece de agenda político-ideológica vinculada al espacio político abierto por
la 4T. Se trata de un grupo de choque que utiliza la violencia urbana contra todos –y de
manera sobresaliente contra las autoridades legítimamente constituidas– y aprovecha el
criterio de seguridad de la policía local de eludir respuestas de fuerza y desde luego no
portar armas de fuego.
El uso de bombas molotov está penado por la ley porque implica la agresión física
contra adversarios al lanzarles botes de gasolina incendiada. Casi 100 personas fueron
agredidas durante la marcha de recordatorio nada menos que de la represión del régimen
priista contra estudiantes el 2 de octubre del 68, cuando la lógica política hubiera sugerido
una alianza pragmática para repudiar el viejo autoritarismo priista.
Más que paradójica, la actuación del Bloque Negro representa una provocación
para lograr una respuesta violenta de las autoridades y en ese momento investirse de
víctimas de la política del tolete y el escudo. La 4T había logrado una victoria política con
la desaparición en la práctica del Cuerpo de Granaderos, pero la violencia urbana de
grupos radicales provocadores ha llevado a que dentro de la corporación policíaca existan
agrupamientos entrenados en control de violencia de multitudes sociales. Lo paradójico
sería que el Bloque Negro se adjudicara la paternidad de la creación de un nuevo cuerpo
de granaderos para controlar con la fuerza policíaca la violencia irracional de grupos
políticos entrenados justamente para generar violencia social.
Lo que llama la atención es la respuesta de la autoridad. Nadie en su sano juicio
está pidiendo el uso de la represión contra estos grupos radicales violentos armados con
piedras, palos, tubos y bombas molotov, tampoco se está exigiendo la aplicación radical
de la ley para realizar arrestos y procesamientos judiciales que lleven al encarcelamiento
de los responsables de la violencia por los daños y heridas provocadas.
En los hechos, lo que se está clamando es que la autoridad capitalina –es decir, el
gobierno de Clara Brugada, y no tanto el jefe policiaco Pablo Vázquez Camacho, cuyas
funciones son muy estrictas y las cumple con pulcritud– aplique la ley para evitar la
violencia, tengo entrenamiento para la desarticulación de provocaciones y pongan en
marcha lo que ha tenido éxito en estrategias de contención de provocaciones violentas
con el modelo del encapsulamiento de provocadores.
No hay nada extraño en que grupos como el Bloque Negro estén funcionando en la
Ciudad de México durante la gestión administrativas sexenal de la jefa de gobierno Clara
Brugada, cuya tarea en la delegación y luego alcaldía de Iztapalapa destacó por convivir e
intercambiar complicidades con todo tipo de organizaciones creadas para la generación
de violencia urbana.
La responsabilidad de los sucesos del 2 de octubre y del martes 7 no es del jefe
policiaco Vázquez Camacho, porque sus funciones se reducen a la organización y control
de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y de los cuerpos policiacos capitalinos, sino que la
estrategia de seguridad le corresponde a la jefa de gobierno que hasta la fecha no ha
entendido que la seguridad pública en la Ciudad de México ya no es policíaca sino que se
coloca en los espacios muy sensibles de la seguridad interior, es decir, cuando la
delincuencia afecta la convivencia social, la estabilidad política, la fuerza del Estado y la
gobernabilidad democrática y sus delitos no se circunscriben a robar al ciudadano sino a
disputar el control de la gobernación en la capital de la República.
El Bloque Negro ya había tenido antes un par de intervenciones que habrían
obligado a las autoridades del Gobierno capitalino y a la jefa Brugada a diseñar un
mecanismo de inteligencia y aplicación de la ley para prever conflictos y desarticular con
anticipación violencias que se anuncian en medios de comunicación. Ya se esperaba la
participación del Bloque Negro el 2 de octubre y el martes 7, pero la jefa de gobierno
Brugada no supo diseñar una estrategia de seguridad urbana para impedir lo que ocurrió:
el Bloque Negro en modo de fascios violentos como los argentinos en la época de los
militares se movían en el modelo de “rompan todo”.
Lo que falta para aclarar es, en este contexto de confusiones, si el Bloque Negro no
es una versión actual de los Halcones gubernamentales del Departamento del Distrito
Federal en el halconazo del 10 de junio de 1971.
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Política para dummies: la política es lo que parece, y a veces hasta lo que no
parece.
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