Ernesto Ruffo es inocente
Trump, bocón; Rubio, estratega,
CSP, juntos pero no revueltos
A pesar de que Estados Unidos consiguió casi todos sus objetivos en materia de
seguridad nacional en México, el comunicado conjunto oficial de la minicumbre resumió
en unas cuantas líneas un nuevo entendimiento que es el mismo entendimiento que han
tenido las dos naciones desde la Operación Intercepción de 1969.
El resultado real, pragmático, en frío fue benéfico para México, a pesar de mayores
concesiones que se vio obligado a realizar, pero la negociación de fondo era frenar la
amenaza del presidente Donald Trump de invadir México con fuerzas militares regulares
estadounidenses para combatir por su cuenta a los cárteles del narcotráfico en México,
atropellando la soberanía mexicana. No habrá –aunque no podría haber habido– invasión
militar de EU.
Ahora se sabe que Trump quedó como un bocón: nunca, en la realidad, habría de
tomar la decisión invasora, y el secretario estadounidense de Estado mostró que su jefe
no tiene cara de póker.
Es posible resumir el clima de la reunión ayer en Palacio y en la cancillería con el
primer párrafo Declaración Conjunta que nunca se salió de los límites estrictos de la
diplomacia pero que resumió las mismas conclusiones de siempre:
“Los Gobiernos de México y los Estados Unidos reafirman nuestra cooperación en
materia de seguridad, que se basa en los principios de reciprocidad, respeto por la
soberanía e integridad territorial, responsabilidad compartida y diferenciada, así como
confianza mutua. El objetivo es trabajar juntos para desmantelar el crimen organizado
transnacional a través de una mayor cooperación entre nuestras respectivas instituciones
de seguridad nacional y aplicación de la ley, y las autoridades judiciales. Además, estamos
trabajando para abordar el movimiento ilegal de personas a través de la frontera. Esta
cooperación a través de acciones específicas e inmediatas fortalecerá la seguridad a lo
largo de nuestra frontera compartida, detendrá el tráfico de fentanilo y otras drogas
ilícitas, y detendrá el tráfico de armas.”
De este primer párrafo hay que destacar y subrayar de manera especial una frase
en modo condicionante que pudiera considerar México como una gran victoria
diplomática que no debe regatearse:
“Responsabilidad compartida y diferenciada”.
Es decir, programas conjuntos ya están operando en la frontera y en territorio
mexicano, pero destacando y subrayando del lado mexicano este señalamiento de
“responsabilidad… diferenciada”, el reconocimiento por parte del Gobierno de Estados
Unidos a las diferencias de México como nación soberana, y que dentro de ella se puede
llegar operativos conjuntos que son los que le preocupan a Estados Unidos, pero siempre
bajo las reglas de México.
No puede dejar de reconocerse que la frase de responsabilidad compartida fue
una gran victoria diplomática, estratégica y de seguridad nacional de México, porque la
palabra diferenciada estaría reconociendo la existencia de reglas, estilos, protocolos,
motos y limitaciones de México y a las cuales y se tendría que someter Estados Unidos.
El problema de la negociación que vino a sellar con lacre el secretario Marco Rubio
fue en la expectativa beligerante y amenazante del presidente Trump de que ayer mismo
en la noche las tropas estadounidenses podrían estar cruzando por aire, mar y tierra la
frontera mexicana y metiéndose a territorio nacional a combatir a sangre y fuego a los
narcos no solo en Sinaloa, sino la totalidad del territorio nacional donde los cárteles
forman parte ya de las estructuras de gobernanza que han dañado el funcionamiento
democrático de las instituciones.
La gran victoria de Estados Unidos fue terminar con el corto período del modelo
de seguridad del presidente López Obrador de “abrazos, no balazos” que transformó el
paradigma de la relación delictiva entre delincuentes y el Estado mexicano a través de un
concepto que han utilizado últimamente y con frecuencia los expertos en análisis de
políticas de seguridad: la deseguritización, es decir, cambiar la percepción de los
delincuentes como violentados conscientes de las reglas legales para traficar con drogas
ilegales a sangre y fuego a la de percibir como López Obrador desde el principio de su
gobierno a los delincuentes como víctimas del modelo económico explotador.
Rubio impuso el regreso a la percepción de la delincuencia mexicana en materia de
narcotráfico como punible y México aceptó pasar de la percepción social de la
delincuencia a la comprensión de que los cárteles están formados por violentadores de la
ley y no por víctimas sociales.
Ahí se percibe la gran victoria de Estados Unidos: operativos conjuntos sí, pero
diferenciados en México para combatir a los cárteles, por lo que EU ya no puede seguir
amenazando con tropas estadounidenses, fuerzas especiales de marines y drones con
misiles como el lanzado por el presidente Trump contra una lancha presuntamente
cargada de droga.
Así que el comunicado conjunto deja claro al estilo mexicano que habrá operativos
bilaterales con criterios de “juntos, pero no revueltos”.
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Política para dummies: la política es el reino del sí pero quién sabe.
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