El Maximato
Acuerdo de Seguridad sin
geopolítica de defensa nacional
El desencuentro mediático entre el anuncio de la DEA de un operativo conjunto y
de capacitación de agentes mexicanos y la afirmación contundente de la presidenta
Claudia Sheinbaum Pardo de que no hay ningún acuerdo con la DEA tiene un contexto que
está tensando las relaciones bilaterales en dos temas en el aire: el Acuerdo de Seguridad y
la geopolítica mexicana de defensa nacional integral en materia de seguridad nacional
soberana.
El presidente Trump está enarbolando el tema de su seguridad nacional en la
lógica de la hegemonía imperial para imponérselos a todos los países del mundo, pero en
el caso de México el asunto va mucho más allá de cursos de capacitación o de programas
conjuntos: implica la necesidad de México de replantear su viejo nacionalismo de
resistencia interior y pasar a la defensiva por principios integrales –el concepto de
defensa nacional geopolítica– que resguarde los intereses nacionales mexicanos en los
conflictos de disputas por soberanías.
El boletín informativo del 18 de agosto de la DEA fue cuidadoso para referirse al
tema, pero hizo brincar los resortes nacionalistas en Palacio Nacional: la agencia anunció
una “importante iniciativa para fortalecer la colaboración entre Estados Unidos y México
en la lucha contra los cárteles” y reveló que el programa Portero ya en curso incluyó la
capacitación de “investigadores mexicanos con fuerzas del orden, fiscales, funcionarios de
defensa y miembros de la Comunidad de Inteligencia estadounidense”.
Estos no son temas menores: iniciativa conjunta y sobre todo la capacitación por
parte de los experimentados cuadros de seguridad en tema de narcotráfico en Estados
Unidos, mientras que México ha quedado rezagado justamente en la creación de cuerpos
especiales de seguridad que vayan más allá del nivel del simple policía antinarcótico.
Y el proyecto de la DEA “reúne las fuerzas del orden, e inteligencia, defensa y
Fiscalía, alineando prioridades y operaciones para que EU pueda desplegar toda su
capacidad contra las redes de los cárteles”
En este escenario, el proyecto Portero no es un programa cualquiera sino que
significa la gran ofensiva integral de toda la estructura de poder de la Comunidad de
Inteligencia de Estados Unidos –17 agencias– contra los cárteles mexicanos que operan y
controlan estados mexicanos completos y que tienen el control de los grupos clandestinos
y criminales de poder en la línea fronteriza entre los dos países, incluyendo, ciertamente,
el reconocimiento implícito de que Estados Unidos perdió el control de su seguridad
nacional en el la línea fronteriza americana.
El anuncio de la DEA –que quizá cometió el desliz de no consultarlo previamente
con el gobierno mexicano o con los funcionarios del Gobierno mexicano que con
autorización oficial han participado en operativos conjuntos y han aceptado ir a
entrenamiento con sus correspondientes estadounidenses– ha estado precedido ya de
actividades conjuntas en México por parte de la DEA, el FBI, Aduanas y Migración, la CIA,
fuerzas especiales operativas y las oficinas militares estadounidenses que tienen que ver
con este tipo de actividades que involucran lucha de confrontación contra los cárteles
criminales ya determinados como terroristas.
Por lo pronto, hace un par de semanas la embajada estadounidense en México
felicitó a las autoridades mexicanas que hicieron un operativo en Aguascalientes y
oficialmente ahí la representación diplomática dijo que se trató de fuerzas de seguridad
mexicanas que habían sido entrenadas por el FBI. Y en una de sus dos declaraciones en la
mañanera del martes 19, la presidenta Sheinbaum dijo que el asunto de la participación
para capacitación ya funciona con mexicanos en Estados Unidos y es un tema de la
Secretaría federal de Seguridad y Protección Ciudadana.
El punto que está rigiendo las relaciones México-Estados Unidos a partir del 20 de
enero en que Trump tomó posesión es justamente el del Acuerdo de Seguridad que tiene
que sustituir al Diálogo de Alto Nivel –en términos simbólicos porque funcionalmente fue
un fracaso– con la administración del presidente Joseph Biden y que el concepto de
Acuerdo de Seguridad fue utilizado precisamente por Palacio Nacional la víspera del 1 de
agosto en que debió de haber comenzado la aplicación de aranceles de castigo contra
México, pero que justamente la negociación de un Acuerdo de Seguridad iba a darle
garantías a Estados Unidos de que México está entendiéndose con Washington en
materia del narcotráfico que en la Casa Blanca se asume y ya como un concepto de
terrorismo.
Aunque ha sido señalada en declaraciones durante los gobiernos Enrique Peña
Nieto y Andrés Manuel López Obrador, México todavía no alcanza a redefinir su nueva
estrategia de seguridad nacional geopolítica como política de defensa nacional en
términos de la articulación de política económica-comercio-política exterior-defensa
militar-seguridad nacional estratégica en su trato con el vecino del norte.
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Política para dummies: la política es mucho más que el juego del gato y el ratón
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