Nada personal
Trump no quiere acuerdo general
ni T-MEC, sino solo narcopolíticos
La expectativa del Gobierno mexicano de lograr un “acuerdo general” con Estados
Unidos para reordenar el camino abandonado del Diálogo de Alto Nivel y para construir
mesas de negociación directa que eviten las guerras mediáticas se viene abajo cada vez
que Palacio Nacional insiste en estar conversando y Donald Trump aprovecha la menor
oportunidad para señalar que en México es un narcoestado y que sus gobernantes están
involucrados con los cárteles de la droga.
Más que un diálogo de sordos, las relaciones en torno al “acuerdo general” son
una salida que busca México para procesar de manera ordenada las quejas de Estados
Unidos, pero el presidente estadounidense y sus principales funcionarios de inteligencia y
seguridad nacional civil y militar solo quieren que México –y no dicen cómo– desmantele
o entregue a los siete cárteles de la droga que ya fueron identificados como
narcoterroristas por el Departamento de Estado.
Nada de lo que haga o deje de hacer la presidenta mexicana, su burócrata canciller
y su nervioso secretario de Economía encuentra algún espacio para encauzar la propuesta
inteligente de un “acuerdo general”, pero se trata de negociaciones de un solo lado y
nadie en la Casa Blanca quiere ir más allá del discurso machacón de Trump sobre la
política y el narcoestado.
La semana pasada México tuvo a la mano todos los elementos analíticos para
llegar a la conclusión de que el Tratado de Comercio Libre ya murió, que la Casa Blanca
usa aranceles como instrumento político de presión y que en Estados Unidos va a correr el
riesgo de sobresaltos de corto plazo –inflación, mayor déficit presupuestal y aumento
escandaloso de la deuda interna– con tal de doblegar a México en materia de seguridad,
migración y geopolítica. Y de modo desordenado, México parece haber entendido ya esa
lógica y está comenzando a comentar que buscará otros mercados para el tomate –como
caso especial de última hora–, lo que debe ser ha asumido ya como la realidad de
inutilidad del Tratado.
Además, desde la reunión del G-7 el Gobierno de Estados Unidos comenzó una
negociación de un tratado comercial bilateral con Canadá, como si el Tratado trilateral no
existiera, a alguien le importara o valiera un cacahuate, y existen los primeros indicios de
que la Casa Blanca podría iniciar pronto una renegociación del T-MEC en la lógica de un
paso adelante con tratado bilateral.
Pero el problema no es el sentido profundo de los tratados comerciales en materia
de aranceles como impuestos para estabilizar precios en exportaciones e importaciones,
sino en que el comercio tendría que estar subordinado a criterios geopolíticos de los
intereses nacionales de Estados Unidos.
A la Casa Blanca de Trump se le está reduciendo el tiempo para llegar a
conclusiones reales en materia de castigos arancelarios porque a partir de agosto
comenzarán nuevas cargas impositivas en exportaciones e importaciones con
prácticamente todos los países del mundo y lo que se llamaría la arancelización de la
geopolítica generará sobresaltos en la de por sí frágil economía mundial en tendencias de
estancamiento y algunos de franca recesión.
La presidenta Sheinbaum había movilizado a su equipo económico y diplomático
para desplazarse hace días a Washington a iniciar las negociaciones de un “acuerdo
general”, pero en Estados Unidos nadie tenía ni una idea de alguna orden burocrática para
recibir a los funcionarios y ajustar las prioridades estadounidenses a las exigencias de
México en el escenario de un “acuerdo general”.
La idea del acuerdo general fue muy astuta de México, pero le faltó a Palacio
Nacional la capacidad de funcionarios que pudieran gestionar las reuniones allá en
Washington, sobre todo después de que el secretario de Estado Rubio platicó por teléfono
–y no han persona como debiera ser una iniciativa de esta naturaleza y darle rango de
Estado con la aceptación de los presidentes de las dos naciones– con el canciller De la
Fuente y México dio por supuesto que ya estaban en rumbo de una negociación, hasta
que llegaron los funcionarios a Washington y no encontraron ningún espacio para el tema
del “acuerdo general”.
Anulado el Diálogo de Alto Nivel, confrontado Trump con México por la
narcopolítica y el narcoestado, como un tema único en la agenda bilateral que se basa en
la exigencia de Estados Unidos de que México entregue narcopolíticos y destruya a los
cárteles y sus territorios y con presiones consistentes de la Casa Blanca para iniciar y
controlar operativos de seguridad militar en México bajo mando estadounidense en
contra de los siete carteles narcoterroristas, Trump el miércoles volvió a su cantaleta de
que el Estado mexicano protege a los delincuentes.
En este escenario, las relaciones bilaterales de México-EU entraron en una zona de
vacío diplomático, agresión de seguridad y silencio institucional.
-0-
Política para dummies: la política sirve cuando sirve, pero no sirve cuando no sirve.
Tik Tok y Pregúntale a Carlos Ramírez en http://elindependidente.mx
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del
periódico que la publica.
[email protected]
http://elindependiente.com.mx
@carlosramirezh