Las protestas en el mundo
Finanzas, mal; hasta el FMI
recomienda reforma fiscal
Aunque no se trata de un pleito que pueda llevar a la ruptura, el caso es que todas
las estimaciones del Fondo Monetario Internacional sobre México son parte de un
acuerdo obligatorio que México y todos los países capitalistas han suscrito con el
organismo internacional para obtener el aval financiero que se requiere para tener
créditos de la banca internacional privada.
El FMI basa sus estudios en el cumplimiento obligatorio de México el artículo IV de
la organización y por contrato debe de recibir a misiones de técnicos que vienen a México
cada año a revisar las cuentas nacionales y dar su punto de vista. El último reporte de la
misión del fondo fue del pasado 1 de diciembre para inspeccionar indicadores 2023-2025.
La previsión del fondo fue muy optimista –dentro de su pesimismo–, antes del
choque arancelario: México crecería este año 1.3%, una inflación de 3.2%. Pero dentro de
estas expectativas diríase que positivas hubo dos focos negativos que están
profundizando las malas expectativas: el déficit presupuestal se estimó en 3.5%, producto
de un frenón del gasto porque en 2024 –año electoral– el déficit de finanzas públicas fue
de 5.9%; si hubiera una meta ideal en este rubro, sería déficit público de 2%.
Pero lo que causó enojo en Palacio Nacional –como si el fondo fuera el
responsable de ese resultado–: la deuda externa ha seguido creciendo y llegaría –en el
reporte de noviembre pasado– a 27.8% del PIB en 2025, como producto de que la caída
del ingreso estaría provocando baja en la recaudación y el gasto presupuestal estimulado
por dos programas sociales se estaría cubriendo con el endeudamiento externo.
Como Santa Catedral del neoliberalismo económico en los países occidentales, el
FMI como organismo vigilante de la inflación tenía un recetario en automático: como los
precios subían por el lado de la demanda por gasto público y privado, entonces las
presiones inflacionarias se disminuían con menor crecimiento del PIB, baja del gasto
público en materia social por ser no productivo y enfriamiento del dinero en circulación.
De manera sorpresiva y sobre todo después de las crisis financieras nacionales de
muchos países, el FMI cambió su doctrina y en los últimos años salió con la sorpresa de
que los países con problemas presupuestales públicos tienen la posibilidad –como
recomendación del organismo– de realizar reformas fiscales como una manera de
aumentar los ingresos públicos.
Paradójicamente, países con políticas económicas identificadas como populistas o
populares habían venido luchando contra el FMI para conseguir aumentos fiscales que
sustentarán en sus nuevos gastos sociales. Ahora que el Fondo ha autorizado de manera
literal las reformas fiscales, los países de gasto social central prefieren reasignación del
presupuesto de otras áreas, disminución en los estímulos productivos del gasto público y
aumento de programas sociales sin sustento de ingresos.
La molestia en Palacio Nacional parece ignorar la recomendación de los técnicos
del fondo en su reporte del 1 de noviembre pasado:
“Los directores subrayaron la importancia de una reforma tributaria integral y
ambiciosa que impulse los ingresos no petroleros y alentaron a las autoridades a
mejorar la administración tributaria y a recortar los gastos fiscales para respaldar la
consolidación en el corto plazo, protegiendo al mismo tiempo las inversiones necesarias
en infraestructura, salud y asistencia social. También sería importante la
implementación en el mediano plazo de un marco presupuestario más comprehensivo y
de reformas ambiciosas a las pensiones.”
Como si fuera un regalo de Navidad, la autorización del Fondo a reformas fiscales
en países de desarrollo medio es una solución para complementar programas de apoyo a
infraestructura productiva con programas de gasto social que combata la desigualdad. La
crisis fiscal de ingresos congelados con nuevos egresos sociales ha sido el coco de las
finanzas públicas mexicanas, sobre todo en las administraciones de Echeverría, López
Portillo y López Obrador por sus perfiles populistas. Las reformas fiscales se eludieron para
no molestar a los empresarios, además de que el FMI lo prohibía. En el reporte de pasado
noviembre, el Fondo podría estar llegando ya a imponer como condicionalidad de política
económica a los países las reformas fiscales que estabilicen tus finanzas públicas.
De no hacerse la reforma fiscal, el documento del fondo deja entrever que el
mantenimiento in crescendo de gasto social en situación recesiva y de restricciones
recaudatorias podría regresar el déficit presupuestal a tasas de 7% y llevar la deuda
externa pública total a niveles de 50%. La única manera de Finanzas sanas es con mayores
ingresos fiscales y control estable el gasto social.
Ahí está el debate entre Palacio Nacional y el FMI.
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Política para dummies: la política naufraga en una economía sin orden.
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