Va la nueva Ley de economía digital en México
Conocido es que el problema del obradorismo no es la oposición; tampoco lo amenazan los militares, la Iglesia o los ricos; no, todo eso ni junto plantea un desafío mayor. La causa profunda de las dificultades del régimen tiene que ver con la impunidad. Nunca se pensó que, desde el exterior, la connivencia de la política con el crimen se volviera una dificultad existencial. La adicción del obradorismo al dinero en efectivo viene de origen. Ya en el gobierno se potenció más allá de lo pensable, como se advierte en los cuantiosos dineros del contrabando de combustible. Lo marginal del financiamiento se volvió sustantivo a partir de la elección intermedia de 2021; fue una decisión procesada desde la más elevada oficina porque era consecuente con el origen.
Bajo esta lectura, el último capítulo de Rocha Moya tiene un sentido distinto al que muchos suscriben. Quienes ven una ruptura entre los duros o radicales de Morena y los moderados encabezados por la presidenta Sheinbaum se equivocan rotundamente. No es una diferencia ideológica, sino política. Más aún, no hay disputa por el liderazgo del proyecto. La diferencia y las tensiones resultan de una visión distinta sobre la manera de mantener y reproducir al régimen. A quienes conocen d
e cerca a los dos personajes les queda claro que el radicalismo ideológico no viene del líder fundador, sino de la sucesora. Los duros lo son porque están atrincherados en el poder a toda costa; un tema de intereses, no de ideas. López Obrador tiene la convicción de que, ante la embestida judicial de EU, hay que doblar la apuesta, confrontar con todo, como hiciera hace décadas en la toma de los pozos petroleros, como también fue la escenografía de cajas que documentaban las trampas del PRI en su elección de gobernador y, después, el desafuero, la protesta por el resultado en la elección de 2006. La carta de él y del hijo se enmarca en esta pulsión
del caudillo. En su imaginario al poderoso está interesado en el orden, hay que alterarlo porque es la manera de combatirle. El regreso de Rocha Moya ratifica esta dinámica, producto de tres avisos ominosos: el comprometedor testimonio del general Mérida, el retiro de visa del hijo y el entendimiento entre la DEA y Omar García Harfuch. La respuesta del expresidente pretendió ser impuesta a la presidenta Sheinbaum, a quien se le advierte sitiada por colaboradores afines al enemigo —Omar García Harfuch, el general secretario Trevilla, Roberto Velasco y Marcelo Ebrard—, al tiempo que debe preocuparla el deterioro de su capacidad para proteger al régimen de la amenaza que plantea al país las exigencias judiciales del gobierno norteamericano.
La opinión completa en Quadratin Yucatán