Mando único y muerte a la paz posible

Por: Ernesto Villanueva

Desde hace tiempo se habla del “Mando Único” policial como un supuesto camino para reducir la inseguridad, en especial durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Presionaron en los hechos, pero no se atrevieron a rediseñar el modelo constitucional previsto en la Constitución vigente. Ciertamente, de entrada, esa propuesta es ajena por entero al diseño institucional previsto en el artículo 21 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, párrafo noveno, que a la letra dice: “La seguridad pública es una función del Estado a cargo de la Federación, las entidades federativas y los Municipios, cuyos fines son salvaguardar la vida, las libertades, la integridad y el patrimonio de las personas, así como contribuir a la generación y preservación del orden público y la paz social, de conformidad con lo previsto en esta Constitución y las leyes en la materia. La seguridad pública comprende la prevención, investigación y persecución de los delitos, así como la sanción de las infracciones administrativas, en los términos de la ley, en las respectivas competencias que esta Constitución señala. La actuación de las instituciones de seguridad pública se regirá por los principios de legalidad, objetividad, eficiencia, profesionalismo, honradez y respeto a los derechos humanos reconocidos en esta Constitución”. De igual forma, el artículo 115 constitucional da vida al primer organismo autónomo constitucional, el municipio.

México, desde 1857 es un Estado Federal, no una República Central, razón por la cual existe esa división de competencias entre la Federación, los Estados y los municipios. Esas prescripciones en la Carta Magna serían por sí mismas un freno constitucional al famoso “Mando Único”. No obstante, se arguyen otras razones- si se les puede llamar así- que no tienen asidero ni normativo ni fáctico. Nadie puede probar- yo no lo he visto por lo menos ni nadie lo ha documentado con el mínimo rigor científico y metodológico- que un agente federal o estatal tiene cualidades físicas, mentales y morales distintas derivadas por el hecho de pertenecer a una u otra corporación. En cada una de las organizaciones para combatir el crimen hay buenos y malos y, en general, tonalidades de grises. De igual modo, hay una capacitación acorde al ámbito de sus atribuciones previstas en la Constitución y en las leyes.

¿A quién, empero, le conviene un “Mando Único”? a los corruptos y al crimen. En efecto, es más fácil, llegar a acuerdos con una sola persona que con 32 o 2458 municipios que dificulta una sola voluntad que siga una misma línea empírica. Es posible, empero, que haya acuerdos para homologar los exámenes de control de confianza por la sistémica corrupción e impunidad de vieja data y que no va a cambiar de la noche a la mañana. Pero ese acuerdo de suma de voluntades institucionales en bien de la sociedad no significa desaparecer el Estado Federal y facilitar que los contrapesos, que mal que bien existen, de plano desaparezcan. Si ese hubiera sido el caso, por ejemplo, el caso del joven alcalde independiente de Morelia Alfonso Ramírez durante 2015-2018 – un hombre excepcional a quien conocí y pude constatar su honestidad y capacidad, especialmente, pero no sólo, en materia de seguridad pública- no hubiera sido de éxito y sus habilidades cognitivas y honestidad personal no hubieran hecho ninguna diferencia. Es importante, salir a discutir el tema, cada vez que alguien sale con semejantes propuestas en perjuicio de los mejores intereses de México.

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