QUERÉTARO, Qro., 9 de junio de 2019.- Alumnos de la comunidad de La Monja, en Santa Rosa Jáuregui, no pudieron contener la emoción que les trajo comenzar a ver formadas las bardas de su nueva escuela, que tuvieron que aportar de alguna manera, donar parte de sus becas que les otorga el gobierno federal para la compra de un lote de ladrillos.

Amanda Díaz responsable del telebachillerato comunitario La Monja, expresó que desde hace varios años han intentado gestionar ante las autoridades una nueva escuela pues en la actualidad los chicos de preparatoria deben de compartir el mismo espacio con jóvenes de grados menores en la telesecundaria de la comunidad.

Compartir las aulas, ha traído consigo diversas afectaciones entre ellas no contar con el espacio necesario para fomentar el desarrollo educativo apropiado para la edad de los jóvenes de preparatoria, la imposibilidad de realizar prácticas acordes a su nivel académico e incluso la limitante de no tener un espacio para instalar una computadora o guardar libros.

Es por esto, que desde hace 4 años, explicó la profesora, los padres de familia, docentes y alumnos emprendieron la ruta para conseguir unas instalaciones apropiadas, sin embargo, el camino fue desalentador cuando cayeron en cuenta en el desfile de funcionarios a los que se recurría para pedir ayuda, la respuesta era siempre la misma «no hay forma de ayudar».

El municipio, el estado y la federación se han desentendido del problema de falta de una escuela en La Monja pero los habitantes de la comunidad decidieron no quedarse con los brazos cruzados:

En primer lugar encontraron la forma jurídica de obtener representación sobre un predio ejidal que fue donado para la edificación de la escuela por parte los dueños del Ejido Buenavista y después empezó la cooperacha.

Todos han aportado, los padres de familia, los miembros de la comunidad e incluso los maestros y los alumnos, éstos últimos aportando una parte de la Beca Benito Juárez que les dio el gobierno federal, con ella compraron un lote de tabique que costó casi 10 mil pesos.

Es así como la maestra Amanda, habla de la necesidad de recibir apoyo pero aunque no se reciba han amenazado con no rendirse y continuar de cuenta propia aunque traiga consigo al escenario ver a los jóvenes acarreando agua o haciendo la cadena humana para acercar los tabiques y así ahorrarles tiempo a los únicos dos albañiles que son contratados por semana, siempre que hay.