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CIUDAD DE MÉXICO, 3 de noviembre de 2025.- En las últimas semanas, se han difundido diversas versiones periodísticas que cuestionan la honestidad de la administración de la Dra. María Elena Álvarez-Buylla al frente del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), a partir de una denuncia de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ante la Fiscalía General de la República (FGR). El ruido es grande.
La atención pública, legítima. La duda, comprensible. También lo es el derecho de la Dra. Álvarez-Buylla a que se escuchen los hechos completos. Entre quienes han salido en su defensa se encuentra el Dr. Ernesto Villanueva, investigador de la UNAM y uno de los más reconocidos abogados en libertad de expresión y daño moral del país. Quadratín conversó con él para conocer su punto de vista sobre las acusaciones y el legado de la exdirectora del ahora extinto Consejo, convertido en la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti).
El propósito es claro: entender qué pasó, con respeto a las personas y apego a los datos. Quadratín: Doctor, usted ha sido uno de los defensores más visibles de la Dra. Álvarez-Buylla, pese a una denuncia y versiones periodísticas que apuntan a posibles actos de corrupción o conductas éticamente cuestionables. ¿Qué lo motiva a sostener esa defensa? Ernesto Villanueva (EVV): Gracias a Quadratín por la oportunidad de aclarar algunos puntos. Conocí a la Dra. Álvarez-Buylla al inicio de su gestión, primero en el entonces Conacyt y después en el Conahcyt, cuando incorporó el área de Humanidades. Desde el primer día impulsó cambios de fondo. Cerró prácticas que yo había criticado por años. Puso orden. Puso reglas.
Con el tiempo pude conocer la institución por dentro como integrante de diversas comisiones revisoras. Hablo con conocimiento de causa. Y aclaro algo esencial: no tengo conflicto de interés. Durante su administración, ni antes, recibí apoyos de investigación de esa institución. Ya era nivel III del Sistema Nacional de Investigadores cuando ella asumió el cargo.
Nunca presté servicios remunerados al organismo. Dicho esto, sostengo lo que vi: la Dra. Álvarez-Buylla realizó la transformación más profunda en la historia del Conacyt. Lo hizo en beneficio de la mayoría. Con rigor. Con sentido público. Con una ética exigente que, lo sé, incomodó a quienes se beneficiaban del desorden.
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