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CIUDAD DE MÉXICO, 4 de julio de 2026.- En un Mundial donde la FIFA preparó mascotas oficiales, campañas publicitarias y espectáculos para conectar con los aficionados, el personaje que terminó robándose los reflectores fue un pato doméstico vestido con la playera de la Selección Mexicana.
Se trata de Merlín, un pato de dos años que pasó de acompañar a una familia en su puesto de venta de aguas en el Centro Histórico de la Ciudad de México a convertirse en uno de los símbolos más populares de la Copa del Mundo 2026.
Su historia comenzó en marzo de 2024, cuando una clienta regaló el pato a Cristian, un adolescente que atravesaba un difícil proceso emocional tras la muerte de otra mascota. Desde entonces, Merlín se convirtió en su compañero inseparable y comenzó a acompañarlo todos los días a trabajar. Con el paso del tiempo aprendió a seguir a su dueño, jugar con un balón, posar para fotografías y convivir entre grandes concentraciones de personas.
La fama llegó durante los primeros días del Mundial. Vestido con el uniforme de México, Merlín apareció en las calles durante los festejos de la afición y rápidamente las imágenes comenzaron a multiplicarse en redes sociales. En cuestión de horas, miles de personas compartieron videos y fotografías del ave, que terminó siendo bautizada por los aficionados como la “mascota no oficial” de la Selección Mexicana.
Su popularidad fue creciendo conforme avanzó el torneo. Merlín apareció en programas de televisión, noticieros deportivos y plataformas digitales nacionales e internacionales, además de recibir una invitación para participar en actividades organizadas por la FIFA durante el Mundial. Incluso fue recibido junto con su familia en Palacio Nacional, donde la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció el fenómeno que había despertado entre la afición.
El impacto del pato también llamó la atención de especialistas en mercadotecnia. Académicos de la Universidad Iberoamericana señalaron que el caso demuestra cómo los fenómenos espontáneos pueden conectar mucho más con el público que campañas cuidadosamente diseñadas, debido a la autenticidad con la que surgen y a la identificación emocional que generan entre las personas.
Detrás de la fama, la familia de Merlín ha insistido en que el ave sigue siendo un integrante más del hogar y no una celebridad. Sin embargo, el éxito ha sido tal que incluso decidieron registrar legalmente su imagen para evitar un uso comercial no autorizado, mientras continúan atendiendo su negocio cuando la agenda de entrevistas y eventos lo permite.
A unas semanas del inicio del Mundial, Merlín consiguió algo poco común: eclipsar a las mascotas oficiales del torneo y convertirse, sin estrategia publicitaria ni patrocinadores, en uno de los personajes más queridos por la afición mexicana, demostrando que, en ocasiones, las historias más memorables nacen lejos de los estadios y de las grandes campañas de promoción.