Encabeza destino latinoamericano un ranking mundial de turismo
QUERÉTARO, Qro., 10 de octubre de 2025.- Se fue el Marigalante. El imponente galeón español que durante casi tres décadas alegró las noches del puerto y deslumbró a miles de visitantes con su espectáculo de luces y fuegos artificiales, hoy descansa en las profundidades del mar. Su silueta, inseparable del paisaje vallartense, se ha convertido en leyenda.
Este 10 de octubre, la historia cambió para siempre. El barco pirata —símbolo del turismo y la identidad de Puerto Vallarta— fue remolcado desde Mismaloya hacia puerto seguro, pero una falla eléctrica y la entrada de agua provocaron que se hundiera frente al hotel Buenaventura. No hubo heridos, pero sí un profundo sentimiento de pérdida entre locales y visitantes que lo vieron partir, muchos de ellos con lágrimas y cámaras en mano, despidiendo al viejo navío que tantas noches los hizo soñar.

El Marigalante no era un barco cualquiera. Era una réplica de la Santa María, una de las carabelas con las que Cristóbal Colón cruzó el Atlántico en 1492. Construido entre 1980 y 1987 por la asociación civil Mar, Hombre y Paz, su estructura combinaba más de treinta tipos de maderas tropicales, y su propósito era rendir homenaje a las grandes travesías de la historia. En 1992, el galeón partió del Puerto de Alvarado rumbo a España, donde participó en celebraciones conmemorativas del V Centenario del Descubrimiento de América, y posteriormente navegó hasta Japón, en la histórica ruta de la Nao de China.
De regreso a México, el Marigalante encontró su hogar en Bahía de Banderas, donde se convirtió en una de las atracciones turísticas más emblemáticas de Puerto Vallarta. Cada noche, su tripulación ofrecía un espectáculo de piratas, música y pirotecnia que llenaba de magia el horizonte. Generaciones de vallartenses crecieron con su imagen recortada contra el atardecer, y miles de turistas guardan fotografías con el galeón como testigo de noches inolvidables.

Hoy, Vallarta despide más que un barco: despide a un pedazo de su historia. El Marigalante se hundió como viven las leyendas del mar —con dignidad, navegando hasta el final—, dejando tras de sí una estela de memorias, canciones y destellos.
Hasta siempre, viejo pirata. Tus luces seguirán brillando en el corazón de Puerto Vallarta.