Comienza “la madre de todas las batalas”.

 

… aunque suene a lugar común.

 

Priístas, panistas y perredistas en el Senado se enfrascan en una lucha, sin cuartel, por las leyes secundarias en materia energética. La economía, la energía, el medio ambiente, las condiciones laborales de los trabajadores del sector, y la ideología, son ingredientes de una mescolanza explosiva.

 

Si nada más grave se atraviesa, el próximo viernes, a más tardar, el pleno del Senado habrá de votar el paquete. Por lo menos, ese es el cálculo del legislador David Penchyna, quien encabezará este martes la reunión de comisiones unidas de Energía y Estudios Legislativos, convocada para discutir y votar el dictamen integrado por cuatro proyectos, 14 leyes, y al menos siete reformas.

 

Al cuarto para la hora, la veleidosa bancada del PAN, logró posponer la sesión programada originalmente para ayer lunes. “No fue chantaje del PAN”, apresura Penchyna “sino debido a problemas de traslado de algunos legisladores y a que la bancada panista tenía una reunión”.

 

Sin embargo, Jorge Luis Lavalle, señaló que aun no hay acuerdos suficientes con el PRI para dar el paso definitivo. “Antes de aprobar algo, mis compañeros debían estar al tanto de los focos de alerta ubicados en la redacción de los distintos documentos”, remata.

 

El PRD denuncia plan con maña. Miguel Barbosa, líder del Sol Azteca en la cámara alta, denuncia que todo está planchado entre PRI y PAN. Desde su férrea oposición a abrir el sector a la inversión privada, nacional y extranjera, advierte la puesta en escena. Dice que las 200 reservas panistas serán discutidas y en muchos casos aprobadas, pero los cuestionamientos de su partido, entregados por escrito, pasarán de noche frente al pacto entreguista.

 

Desde la Cámara de Diputados, Silvano Aureoles respalda a su socio, y demanda posponer la ratificación de la reforma energética hasta el mes de septiembre, para unirla con la integración del paquete económico del próximo año; “son tácticas dilatorias”, responden desde el PRI.

 

Más allá de argucias para frenar o adelantar el debate, son varios los temas candentes. La propiedad de terrenos en los que se ubican yacimientos de hidrocarburos, divide a las tres partes. El PAN no está dispuesto a avalar la figura de la expropiación.

 

Otro, tiene que ver con el papel del Gobierno y los organismos reguladores en la elaboración de contratos y la propia instrumentación de la apertura. Aun no queda claro, como quedará el papel de la Comisión Nacional de Hidrocarburos en el esquema de concursos para proyectos particulares.

 

La elaboración de contratos también es una papa caliente. Hay fuertes presiones para acotar la discrecionalidad planteada en la propuesta, que daría carta blanca al Estado para fijar reglas particulares en cada caso y establecería la posibilidad de modificar condiciones de manera unilateral. Se trata, sin duda, de un reto a la transparencia.

 

Polémico será el tema de los seguros, con cargo al erario, para cubrir daños y otorgar asistencia legal a funcionarios quienes eventualmente incurran en responsabilidad por los daños y perjuicios que ocasionen los contratistas, siempre y cuando lo hagan de buena fe. Eso disgusta. También será motivo de pleito el redimensionamiento de la planta laboral de Pemex y las prestaciones para sus trabajadores, como jubilaciones, pensiones y despidos.

 

Del lado perredista surgen reclamos por la creación de entidades como la Agencia Nacional de Seguridad y Protección al Medio Ambiente, un invento, que según sus detractores, invade áreas de acción de todas las otras instancias federales dedicadas al cuidado de la ecología.

 

PRI y PAN pretenden patear el bote de esta discusión para agosto o septiembre.

 

Estos, sólo son algunos botones de muestra. Lo que viene en las próximas horas no será un día de campo.. La discusión en el Senado pasará a San Lázaro, y de ahí, no lo dude, ganará las calles…

 

@JoseCardenas1 | [email protected] | josecardenas.com.mx